Arturo Ripstein

Ilustración: Raquel Matus.
Arturo Ripstein, cineasta mexicano de gran trayectoria, quien ha dirigido más de 55 películas tras comenzar su carrera como asistente de producción del mítico Buñuel, en El Ángel Exterminador, recibió al joven Martín Escalante, guionista de Los Bastardos (cinta que se estrenará en el próximo Festival de Cine de Morelia), para conversar en torno al cine en nuestro país y el camino de los jóvenes cineastas en este respecto.
Martín Escalante: Hablando del culto al cine, en México o en EUA, la gente gusta de muchas películas que vienen de otros países y que se vuelven de culto aquí, pero me pregunto si en el país del director, éste es visto de otra manera.
Arturo Ripstein: Es más fácil ser disminuido en tu propia casa que en otra. Te conocen mejor, saben a qué restaurante vas, con quién te casaste, cuántos hijos tienes, etcétera; se vuelve uno más cotidiano, inmediato y tocable. Cuando se es de otro lado, se es más inalcanzable; es bíblico el dictum.
ME: Haces una película aquí, pero quizá no hace mucho ruido, sin embargo, en un sitio como Francia, la audiencia se maravilla: -¡qué cosa tan fresca, qué cosa tan nueva!-.
AR:Todo el mundo está acostumbrado a que así sea. No es regla. Almodóvar o Amenábar son celebérrimos en su país, casi más que en ningún otro. En Estados Unidos hay una cierta mentalidad donde los gringos son formidables para los gringos. Es uno de esos países autocontenidos que no necesitan la influencia del exterior.
Hay otros países con pasados coloniales, donde tienen los ojos puestos en otro lado y lo propio siempre es inferior a lo ajeno, hay otros en los que no. Estados Unidos es el ejemplo perfecto, u otros países de gran importancia cinematográfica como Italia o Francia, donde sus cineastas son pilares del país, donde éstos son realmente reconocidos y queridos. A mí me tocó más bien de los países que están con los ojos puestos en otro lado y, lo propio, invariablemente, es inferior a lo ajeno.

Princesa de Jade, Carnaval de Sodoma, Dante Busquets/Anzenberger.
ME: Se dividen aún más las cosas si eres de provincia, como de Guanajuato, de donde somos nosotros. Cuando presentamos Sangre, la gente la descartaba de entrada.
AR:Además, ahí si te dejan de hablar. Hay una mentalidad un poco más conservadora en algunos de estos lugares. Me acuerdo mucho de Rafael Castanedo, que era de Guanajuato también; trabajábamos juntos. Él era editor, y cada vez que hablaba de Salvatierra, su pueblo, contaba cosas horrorosas. Lo descartaban, lo insultaban, les parecía mal; de pronto hay pequeños lugares donde sí se es más conservador. Finalmente, la Ciudad de México es enormemente cosmopolita, es una ciudad muy grande con gente muy sofisticada.
ME: Sí, nosotros queríamos regresar a filmar a Guanajuato. Hicimos la última película en Los Ángeles, Los Bastardos. Trata sobre dos albañiles que les va mal en México y se van para allá, a trabajar como jornaleros, afuera de una tienda de materiales de construcción. Buscando chamba, un día los contrata un gringo para matar a su esposa, y ellos, al estar tan desesperados, aceptan. Todo transcurre en Los Angeles pero trata sobre dos chavos de Guanajuato. Se estrenó en Cannes en mayo. Aquí va a salir en Morelia en octubre y, comercialmente, en febrero en México. Ahora estás sacando Carnaval de Sodoma ¿verdad?
AR: Es una película vieja, costó mucho trabajo estrenarla, nunca se estrenó aquí. Ya llega un momento en la vida de uno, donde ya, bueno, la hiciste, y eso es afortunado y complicado. Y ya si sale, no me corresponde a mi, les toca a otros sacarla; uno no quiere hacer todo. Si hubo una compañía productora, como IMCINE, que dió el dinero para sacarla adelante, entonces también que se ocupen de estrenarla. Yo la hice, la responsabilidad es mía, si está bien, qué bueno; si está mal, ni modo; así pasa a veces, pero ya le toca a otros seguir adelante con un esquema de exhibición.
ME: Me parece fascinante ambos lados, tanto la parte creativa, como la parte del negocio.
AR: Depende cuántas lleves, llega un momento donde sí es muy desesperante que el ente oficial ni siquiera voltee a verte, es muy poco estimulante. Les insistí 3 o 4 veces: sáquenla, total, las películas mexicanas aquí no las va a ver nadie, las dos semanas de rigor y vámonos; con poquitas copias. Ciertamente no fue una de las películas de gran ambición (con cientos de copias y millones de pesos de publicidad) ni mucho menos, no es la pretensión.
Hay como dos tipos de películas que se hacen en este país. Hay algunas con cierta ambición; donde está Reygadas o tu hermano, donde para bien o para mal, van por un cierto camino, alejado del ámbito comercial, con un público más o menos ya hecho. Hay otras que son aterradoras, que son las que pretenden hacer cine de Hollywood en México. Hay unos que se fueron a Hollywood, como Del Toro o Cuarón; los que están allá haciendo películas en EUA (y está perfecto, es un camino que siguieron). Pero hay otros que no llegaron a irse, pero que hacen las películas como si fuera Hollywood. Son prácticamente en inglés; es escalofriante. Son las que estrenan con muchísimas copias, con enorme cantidad de publicidad, a ver si engañan a la gente para que las vaya a ver pensando en que son igualitas que las de Hollywood. Lo único que hacen es tratar de venderlas. Tenemos de enemigo, en este país, a mucha gente, incluyendo y sobre todo, al público; que en realidad lo único que le interesa es ver películas en inglés. Estrenas una película en alemán o en húngaro, y la sala se queda vacía. Aquí y en todos lados, en España también se da una situación similar. El genio de los gringos consiste en haber convencido a todo el mundo que no solamente hacen las mejores películas, si no las únicas; no hay otras. Todo lo que se haga al lado de ellos es inferior y vano. Por lo tanto, es muy complicado salir adelante.
Uno de los enemigos básicos del cine nacional es el público nacional.
ME: ¿Y así ha sido siempre?
AR: No, antes era menos. Cuando yo nací, y cuando se hacía mucho cine muy determinado, el cine mexicano tenía mucho más éxito que el cine extranjero. Comenzó por no permitirse el doblaje en México, lo que protegía a la Industria. México era un país más o menos analfabeta; la gente no iba al cine a leer letreritos. Además, había una identificación concreta del público mexicano con el cine mexicano. Ésto desapareció, aquí y en todos lados. En música, por ejemplo, no ocurrió. Los Tigres del Norte siguen vendiendo más que los Rolling Stones y tienen más éxito aquí en México. Eso pasa prácticamente en todo el mundo. Los cantantes franceses tienen más éxito que los cantantes extranjeros en Francia; lo mismo con la literatura. En el caso del cine no, el cine sí sufrió del genio de los gringos, que lograron convencer a todos que de verdad eran mejores. Ésa es la aportación del cine gringo al mundo, el cine de los setenta u ochenta para acá.

Arturo Ripstein, Director de Carnaval de Sodoma, Dante Busquets/Anzenberger.
ME: Directores como Steven Spielberg que inclusive comenzaron a armar una especie de culto, con películas como Indiana Jones…
AR: Spielberg y Lucas son unos de los culpables de este fenómeno. Inventan una cosa que se llama -el cine de fin de semana-. En un fin de semana, con 80,000 copias, sacan cientos de millones de dólares y eso se siente; es la noción de lo desechable. Spielberg es generalmente malo. Hizó Jaws, que era esplendida: era muy viejo; después empezó a volverse joven. Es una carrera a la inversa, es muy esquemático y muy lamentable. Spielberg no ha hecho nada nuevo, sólo repite lo que vió de chico. Es un narrador eficaz ocasionalmente. Saving Private Ryan es una copia de un programa de televisión que se llamaba Combate. Con Spielberg, se confunde su fama con su talento. Es famosísimo, no es muy bueno; hay una esquizofrenia muy tremebunda. Es el más famoso de todos, se le rinden homenajes y pleitesía. Es un director mediocrón muy famoso. Desde Hitchcock no había un director tan famoso, un hombre conocido por todo el mundo.
ME: Y éstos son los ídolos de mucha gente que comienza a estudiar cine.
AR: A bueno, por supuesto, suponen que el cine empieza en Tarantino. La ignorancia de los jóvenes cineastas es abismal. El cine es jovencísimo, tiene ciento y pico de años. Conocer la historia del cine mundial es perfectamente viable, además es fácil. Cuando yo era joven, para ver cine tenías que ir al cine. Para ver películas viejas estaban los cineclubes, y te atenías a la programación. Ahora, puedes conseguir lo que sea en DVD. Antes ni siquiera pasaban cine en TV, tenías que ir al cine y, realmente, te importaba de dónde salía todo, te preocupabas por los italianos del cine mudo, los suecos y los japoneses; de qué se trataba. La cultura es relacionar. Tener los conocimientos y relacionarlos. Ahora no hay, todo es desechable, instantáneo, la incultura cinematográfica de los jóvenes cineastas es alarmante.
ME: Ahora con internet y la facilidad de conseguir cualquier cosa, es otro nivel de recibir información.
AR: Ver la historia del cine en tu propia casa, es factible. Antes era muy difícil, ahora es facilísimo pero a nadie le interesa, o a muy pocos. He conocido muy pocos cineastas jóvenes que realmente tengan una cultura cinematográfica.
ME: Bruno Dumond, que hizó L’Humanité, dice que los jóvenes deberían dejar de ver películas y comenzar a fijarse en la gente, pues de eso hacemos películas: de gente. Hay que sentarnos en un café o en el metro y fijarnos en la gente.
AR: Pues solamente que tengas un excepcional talento y que puedas tener conocimientos narrativos. No creo que haya un sólo escritor que no haya leído. Y lo más probable es que Dumond tenga una sólida cultura cinematográfica. Hay que saber el oficio al que te vas a dedicar; de qué se trata. Solamente en los músicos pasa eso: tienen 6 años y componen. Mozart no había oido lo anterior, pero como Mozart, no hay muchísimos, hay muy poquitos. Saber de qué va el cine, es importantísimo. Hay que saber las reglas del cine y después olvidarte de ellas; pero tienes que saberlas, si no, caes en ellas invariablemente.
ME: Y qué opinas de incorporar gente no actor junto con actores en la películas.
AR: Si incorporas no actores: no actúan. De pronto Reygadas hace cosas muy raras involucrando no actores, pero pidiéndoles que actúen. En México no sucede ese talento extraño que se da, por ejemplo, en Italia; donde cualquiera es lo suficientemente apto para decir unas líneas y hacer unas caras.
ME: ¿Tú has trabajado con gente que no son actores?
AR: Muchas veces, pues he hecho muchas películas. He hecho de todo. Sí les sale, pero te cuesta más trabajo. En lugar de hacerlo en un par de tomas, lo hacen en 17.
ME: ¿Tú crees que ciertas películas se pueden hacer con gente que no sean actores?
AR: Si quieres que actúen, es mejor que al menos tengan un poquito de entrenamiento. Si quieres que no actúen, entonces sí. Uno que se parezca al chofer de Reygadas, fácilmente te lo vas a encontrar por ahí, y no uno que no sepa decir una línea o que te cueste 20 veces hasta que te das por vencido, pues no lo va a poder decir nunca. Te llevas a uno que sí pueda y te ahorras mucho tiempo. Es difícil con los no actores cuando quieres que actúen.
Arturo Ripstein. (1943) Debutó como director a los 21 años. Se consolidó en los años 70 tras: El castillo de la pureza (1972), El lugar sin límites (1977) y Cadena perpetua (1978). En 1985 con El imperio de la fortuna, comienza el reconocimiento internacional de su obra. La soledad de las almas y la imposibilidad de cambiar la propia naturaleza son temas recurrentes en su filmografía.
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