Rafael López Castro


Rafael López Castro
Ilustración: Raquel Matus.

Cristina Paoli: ¿Cómo fue que entraste en ésta profesión? ¿Por qué diseño gráfico y para qué?
Rafael López Castro: Llegué al diseño gráfico porque dibujaba. Y únicamente dibujando no podía mantenerme; no era una profesión. Quizá a esto hay que agregarle que mi origen de pocos recursos me hacía pensar así, de una manera muy práctica. ¿Dibujar?, ¿para qué?, para comer. No era fácil. Entonces una compañera me habló de una escuela que se llamaba Escuela Nacional de las Artes del Libro (en México aún no existía la licenciatura de Diseño Gráfico). Ahí se estudiaba la carrera de dibujante grabador publicitario. Entré ahí, continué dibujando y, más tarde, comencé a trabajar en el despacho de publicidad de un hombre que para mí fue importantísimo: Carlos Flores Eras; que lo mismo me enseñaba lo que más adelante iba yo a entender como diseño gráfico, diseño editorial y que me permitía seguir dibujando; así me fui quedando en la profesión. Con el tiempo supe de Vicente Rojo, ahí mismo, con Flores Eras. Además, yo tenía una afición de familia: a mi abuelo materno y a mí, nos gustaba mucho leer, por lo que me entusiasmó mucho la idea de hacer libritos, hacer que la gente recibiera mensajes. Yo tenía ya cinco años de trabajar en diseño gráfico (aunque no lo llamaba así; lo llamaba dibujo, decía: hago libros). No fue hasta 1972 que comencé a entenderme como diseñador gráfico. Por esos años se hizo la licenciatura en Diseño Gráfico en la UNAM y en la UIA, y así empezó la historia; en este país del concepto un poco más formal de lo que es Diseño Gráfico como un producto de la experiencia internacional. Entonces me transformé en profeta descalzo del diseño. Enseñábamos desde cómo usar las escuadras, sacar proporción geométrica, áurea, etc. Hoy ya es otra cosa. Cuando empecé a trabajar con Vicente Rojo, en 1972, no había, en todo el país, 20 diseñadores gráficos que se reconocieran como tal; ahora hay 80 mil.

CP: ¿Qué es lo que te emociona del diseño gráfico? ¿Cuáles son los retos creativos e intelectuales que encuentras al hacer diseño gráfico?
RLC: Lo que más me gusta de mi oficio, es comunicar. Me apasiona asumir la responsabilidad de decirle a alguien algo que a mí me interesa. Hubo momentos, en este proceso, que contamos sintéticamente con la pregunta anterior, que tuve la posibilidad de irme a trabajar en publicidad comercial o publicidad cultural y en este rubro específicamente, el diseño editorial. Fue entonces cuando tomé la decisión de que lo que a mí me gustaba (aunque pagara una miseria): la publicidad cultural y, específicamente, hacer libros. En esto ya tenemos un poco más de 40 años. Entonces, desde muy temprano, lo que me gustó era organizar mensajes, ponerle gráfica y letra a un mensaje específico. Yo sigo siendo de esa generación. Me preocupa mucho que me lean, mi mayor preocupación, hasta la fecha, es sentir que alguien a quién nunca voy a conocer leyó un mensaje con el que yo estoy de acuerdo. Para mí esto es muy rico, lo que me lleva a pensar que hay muchos momentos de felicidad en mi trabajo: uno, cuando me lo encargan, cuando creen que yo puedo hacerlo, y dos, cuando me lo pagan.

CP: ¿Podrías describir cómo es que abordas un proyecto de Diseño Gráfico? Es decir, tus carteles y tus portadas tienen un gran nivel de síntesis. ¿Cómo llegas a eso? ¿El origen es un proceso de bocetaje manual o es más un proceso intelectual?
RLC: En mi caso se juntan las dos cosas. Obviamente, yo tengo un proceso de formación personal y también uno de formación profesional. Para mí, dibujar a lápiz una idea es fascinante y, perseguirla, y elaborarla un poco más en el bocetaje a mano -para ver si visualmente estoy logrando lo que inteligentemente he pensado-, es importante. El ejercicio de decir con imágenes y palabras, no es exactamente la relación sencilla del intelectual; es otro ejercicio, también es un ejercicio intelectual, inteligente, sensible, pero conlleva otros elementos. Yo prefiero bocetar mucho y quedarme con una idea, dos, o hasta tres, y prefiero mostrarle, a quien me encarga, solamente una idea, pues usualmente escogen la que a mi menos me gusta y entonces sufro terriblemente. Salvo que el cliente (la palabra cliente no me gusta, pero no hemos inventado otra) sea de mucha confianza, le muestro mi proceso (y que yo esté un poquito inseguro) a ver si me ayuda. Yo creo mucho en mi proceso, en el proceso creativo; un proceso que, en muchos diseñadores gráficos jóvenes, veo que es muy esquemático, muy mecanizado por los medios modernos que parecen resolverles todo.

CP: Veo que no tienes computadora aquí…
RLC: No, nunca. Porque a mi, como se me ocurren las ideas, es con un canijo lapicito. Agarro un lapicito y hasta parece que el cerebro se acelera; entonces hago una bolita, le pongo cosas: yo creo mucho en eso. No puedo hablar por todos los diseñadores, a penas y con problemas de mi mismo, pero para mí, el proceso creativo es una forma muy personal de enfrentar, llamémoslo así, un problema. Quiero decir que el diseño gráfico es un proceso, un ¿cómo le hago? Pensar, para mí, es tomar el lápiz, quizá para muchos sea tomar el ratoncito, el mouse. Para mí, buscar, es primero buscar en mi información qué es lo que no sé, qué es lo que sé. Si no sé nada, primero le pregunto al cliente y luego a mis libros. Amo profundamente a mis libros (no profundamente, mis libros son yo mismo, yo me formé con ellos, ellos se han acumulado conmigo). Entonces, ahora, para consultar una historia (consultar una idea) no voy a la computadora; primero, el vanidoso que soy, confía en la información que tiene, y si veo que lo que tengo no es suficiente, que no me da para desarrollar con el lápiz una idea: investigo. Para mí es una palabra clave en diseño gráfico: Investigar. Quien responde rápidamente con lo que le dice nada más la computadora, me parece, se pierde de una gran experiencia.

Rafael López CastroCP: Ya mencionaste algunas, pero podrías elaborar un poco más sobre las cualidades fundamentales que crees que debe tener un buen diseñador gráfico.
RLC: Siempre me lo he preguntado para mí mismo. Una de las condiciones naturales que debe tener un diseñador gráfico es sentirse bien, divertirse. Un diseñador que no se divierte, que sufre con lo que hace, no tiene muchas posibilidades. Debe apasionarse con descubrir qué investigar, qué dibujar, qué decir. Todo esto debe resultarle apasionante. Yo creo que un diseñador así: trae algo; no sé si talento, después se ve eso, pero antes que eso, el gusto por la práctica es el primer requisito. Después, y ahora me acordaré nuevamente de mi maestro Flores Eras, al cabo de trabajar dos años con él, y que le dije que me iba, me dijo: “Mire, Rafael, yo ya le enseñé lo que pude. Talento por su cuenta nada más”, y creo que fue una frase que me ayudó mucho, porque hasta la fecha sigo buscando eso, a ver qué talento tengo para resolver tal o cual cosa. Y a veces no es mucho el talento, como es mi caso. Yo digo que a mí me dieron 20 centavos de talento y me los gasto cada vez, no me gasto un poquito, me gasto los 20 centavos. Si hubiera tenido un peso, a lo mejor me gastaba un peso. Y esto también es un proceso en el cual sólo trabajando te das cuenta, porque hay temas en diseño que se te facilitan un poquito más que otros, pero si te divierte hacerlo, no importa.

CP: ¿Tú crees que es importante estar comprometido con lo que vas a comunicar? Es decir, dado que eres el codificador de algo ¿Tienes que tener interés por eso? ¿Se puede hacer diseño de algo que no te interesa?
RLC: Debe gustarte, creo que eso es muy importante. Pienso que muchas de las nuevas generaciones de profesionistas se plantean su profesión, primordialmente, como un medio para hacer dinero (lo cual puede ser muy saludable, y tienen todo el derecho a eso); yo no tengo nada que aconsejarle a quien, profesionalmente, en diseño o cualquier otra cosa, se plantee esto. Sin embargo, yo nunca me planteé las cosas así. Primero me propuse pasarla bien, divertirme. Por eso dejé el mundo comercial para entrar al mundo de la publicidad cultural, porque ése era el camino que me interesaba y en el que, hasta la fecha (ojalá que hasta los 98 años de edad), espero seguirme interesando; en ese nivel cultural en el que los seres humanos podemos expresar con libertad, con gusto y con responsabilidad, las ideas que nos gustan con los demás. Ésta es mi forma, no creo que sea transmisible ni obligatoria para nadie, solamente para mí. En esto se fue transformando el diseño gráfico y, hasta la fecha, hacer un libro, diseñar un cartel, un emblema, es para mí fundamentalmente gozoso. Por ejemplo, hoy en una reunión,decía que, para mí, antes que cualquier cosa, en un libro o en una revista está el lector, incluso antes que la publicidad. Todo el mundo se alarmó. Dijeron: “¡Es que vivimos de la publicidad!”; sí, pero la publicidad también vive de quien lee la revista. Cómo cada quien resuelve ese problema, de forma distinta. Por ejemplo, el texto en una página habla de pobreza y el anuncio que está exactamente enfrente vende la moto más cara del mundo. ¿Qué tal? Yo creo que enfrentar estas contradicciones, resolver estos retos, debe resultarle muy atractivo y muy apasionante al diseñador gráfico, debe darle tiempo de pensar y de sentir que lo que está haciendo es lo que quiere. Hacer diseño gráfico en un proceso mecánico, repetir las fórmulas -que ésto va en altas, ésto en bajas-, está bien, y hay que hacerlo muy bien, pero si además dices cosas que te gustan; mucho mejor.

Rafael López CastroCP: ¿Consideras que es importante que el diseño gráfico mexicano tenga una identidad nacional, o la producción gráfica debe ser un reflejo más personal?
RLC: Pienso que antes que nada, la identidad que debe tener el diseño gráfico es calidad. Luego, personalidad que refleje mucho a quien lo hace y, si quien lo hace está trabajando en un país, ojalá y refleje también ese país. No le pongo condición de nacionalidad al diseño, porque no existe, es un gesto personal. Por ejemplo, en literatura, dos personajes que me parecen de lo más mexicanos: Juan Rulfo y Juan José Arreola (para suerte mía los dos jaliscienses). Ellos nunca se plantearon ser mexicanos, se plantearon ser lo mejor, pues ¿qué significa hacer algo mexicano?
Creo que hay que hacer un diseño personal, el cual debe reflejar mucho tu cultura. Una de las cosas que discuto mucho con mis compañeros, con los que quieren discutir y que me acusan de mexicanero, es esto: Hago diseño gráfico para un país, para un lugar. A mí me gustaría mucho reflejar la cultura del lugar para el cual trabajo, no me preocupa si es mexicano o michoacano (y ésta es toda otra discusión), somos un país pluricultural. Si tú estás diseñando para Guadalajara tienes que reflejar un poco lo humano que tú ves cotidianamente ahí y vas creando símbolos e imágenes que van a tener que ver allá, pero que luego te das cuenta que es más amplio. No creo en esa chabacanería de lo mexicano, que lo utilizan rápida y gratuitamente. Creo en ese proceso personal de identificarse con la cultura del país en donde naces y en donde haces tu trabajo gráfico.
En mi trabajo hay charros, chinas poblanas, tepalcates y me da mucho gusto, me da gusto burlarme con sentido del humor de mi cultura. Si yo trabajara en Alemania seguramente lo que reflejaría sería la cultura alemana.

CP:¿Cómo percibes hoy el diseño gráfico en México? ¿Crees que está evolucionado? ¿Qué se ha atascado? ¿Qué está retrocediendo?
RLC: Lo digo de una manera muy general. Hay estupendos comunicadores gráficos, diseñadores gráficos en México. Buenísimos, no sé cuántos, pero lo sé por ver libros. Lamento mucho que la calidad del cartel desapareció, bueno, no la calidad: desapareció el cartel. México es un país que nunca ha tenido preocupación por el cartel, hubimos alguna generación que nos aplicamos y nos quisimos ganar un lugar, pero a las siguientes generaciones no les preocupó. Cada vez que veo un cartel en una librería, en un espacio público digo: “chin, todo lo que ganamos nosotros ya se perdió”; la síntesis, el no abusar de la cantidad de texto, etc. En fin, tenemos de todo, de 80 mil diseñadores gráficos que andan pidiendo trabajo, algunos terminan conduciendo un taxi.
Siempre es injusto comparar, plantearse qué tan buen diseño hacemos, pues hacemos tan buen diseño como Suiza y hacemos igual de peor diseño que en cualquier otra parte del mundo. Tenemos mucha gente que lo hace; todos muy jóvenes. Los buenos diseñadores andan apenas queriendo acercarse a los cincuenta años, y hay buenísimos. Las escuelitas me aburren soberanamente, pero sé que son las que están produciendo los buenos diseñadores gráficos.

Rafael López Castro. (1946)
 Diseñador independiente.
Formó parte del Grupo Madero, bajo la dirección de Vicente Rojo. Dirigió el Departamento de Diseño del Fondo de Cultura Económica (1978-1986), y fundó en 1985 la editorial El Ermitaño. Su trabajo incluye cientos de carteles, portadas, logotipos y diseños editoriales en los que refleja su sello: la tradición plástica popular mexicana.

Imágenes: Cortesía Rafael López Castro

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2 comments ↓

#1 ricardo hinojosa on 09.20.09 at 3:37 pm

quisiera contactarme con Rafael Lopez Castro para desarrollar un diseño, me pueden dar su link???????

saludos

#2 sergio j.g.b/fubi on 09.24.09 at 12:14 am

Me gusta mucho la forma de pensar que tiene el señor Rafael Lopez con lo que acavo de leer me doy cuenta que uno nunca sabe si tiene un peso o dos de talento o si el talento es algo que aumenta o se adquiere para ganar deves ser el mejor.

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