Carlos Couturier
Entrevista por Tomo
En entrevista para Tomo Carlos Couturier, uno de los socios fundadores del grupo hotelero Habita habla acerca del diseño y la arquitectura en relación a la industria de la hospitalidad, de la que sin duda su grupo constituye un importante referente.
[TOMO] ¿De dónde nace el interés por incursionar en el mundo de la hotelería?
[CARLOS COUTURIER] Fue a través del desarrollo inmobiliario aquí en Polanco. Convertíamos espacios que eran residenciales pero tenían la posibilidad de ser corporativos. Oficinas, pero con un cierto estilo particular, casi como tener la oficina en tu casa. Así empezamos Moisés (Micha) y yo. A estos clientes les gustaban mucho los espacios que les ofrecíamos y nos cuestionaban si no había un equivalente en hotelería un espacio que ofrecer a la gente que los visitaba, y al no haberlo, dijimos: ¿por qué no lo hacemos? Y así fue como empezó Habita. Empezamos con la idea en 1994 e inauguramos el hotel en el año 2000. No queríamos hacer nada más un hotel, queríamos hacer un hotel que cambiara la percepción de la ciudad de México hacia afuera. Nos sorprendió tanto interés (internacional). Fuimos parte de este movimiento que se generó en la ciudad de México en el 2000. En el cine, con directores y películas que trascendieron más allá de México, como Amores perros o Y tu mamá también; el arte contemporáneo con la Colección Jumex: era una ciudad que inspiraba, un poco como lo que pasa en Berlín actualmente, con un costo de vida barato pero con una experiencia de vida completa. La arquitectura mexicana contemporánea ya estaba en la percepción del mundo desde antes, pero se viene a consolidar en esta época también. Entonces el hotel se vuelve un imán de todo este movimiento.
[T] ¿Por qué saltar a Playa del Carmen?
[CC] Fue la misma estrategia: en lugar de ir a un destino ya establecido, nuestra contribución en Playa del Carmen era importante. ¿Dónde podemos ser extremadamente propositivos y vanguardistas? Playa del Carmen era terracería, Al Deseo llegabas entre charcos, las calles no estaban pavimentadas, era un lugar totalmente diferente al de hoy, era todavía un secreto bien guardado. Un grupo de europeos había llegado, había tomado el pueblo, pero el público mexicano no lo tenía tan identificado. Playa del Carmen tenía todo: un mar precioso, había esta esencia de pueblo de pescadores, la gente que estaba ahí era gente que nos atraía como clientes, el potencial de los que podrían visitar creíamos que estaba ahí, y posicionar a Deseo ayudando a que Playa del Carmen se viera como un destino para cierto tipo de viajero, más estilo Ibiza o Punta del Este, para nosotros era un gran reto y finalmente se logró, creo que demasiado, hoy día quizá más bien es Tulum el que tiene estas características, u Holbox… El crecimiento tan acelerado en Playa del Carmen nos tomó por sorpresa, se transformó por completo.
[T] ¿Cómo arman los equipos de trabajo para cada proyecto? ¿Por qué trabajar con un arquitecto específico, un diseñador y un artista? ¿Depende de la propiedad, el contexto, el concepto?
[CC] Por ejemplo, en Puebla teníamos muy claro que queríamos trabajar con un arquitecto muy mexicano, pero contemporáneo. ¿Cómo podíamos romper con el contexto, pero a la vez integrarnos en él? Pensamos que Ricardo Legorreta era eso, pero no queríamos ser tampoco tan obvios; entonces le preguntamos si podríamos hacer un hotel con sus volúmenes, con sus materiales, pero sin su colorido. Fue muy receptivo, desde la primera junta: que el material sea el que hable y vamos a ponerle el colorido en el mobiliario. En la parte de diseño gráfico queríamos algo muy juvenil, para romper con la tradición poblana. Nos acercamos a Centro, la escuela de diseño que apenas comenzaba, e invitamos a que los alumnos hicieran la propuesta gráfica del hotel. Fue muy interesante trabajar con estudiantes, con Ricardo Legorreta, en el diseño de interiores con Pablo Serrano, y nosotros siempre le metemos de nuestra cosecha, tenemos un vínculo con el arte contemporáneo, entonces la alberca la intervino Laureana Toledo… siempre el lugar lo marca.
Cuando llegamos a Monterrey, veíamos que toda la influencia era estadounidense; en los hoteles donde nos quedábamos parecía que estabas en Houston o en Dallas. ¿Cómo rompemos con este esquema? Vamos a traer a alguien europeo (Joseph Dirand) para que nos haga un proyecto de interiorismo muy diferente a lo que existe, a ver cómo ve un europeo Monterrey. Ya teníamos arquitecto, era importante trabajar con uno local porque queríamos que hablara de la ciudad.
[T] En octubre 2010 cumplen ya diez años de que abrieron las puertas del Hotel Habita. ¿Qué proyectos están desarrollando?, ¿tienen planes en Acapulco y Tulum para este siguiente año?
[CC] En Acapulco, es un hotel de los cincuentas (el hotel Boca Chica) entonces otra vez nos planteamos: “¿cómo podemos hacer de Caleta un nuevo destino?”. Estamos siendo muy agresivos para recuperar algo que ya existía y dejamos perderse. Esa parte podría haber sido un Portofino o un Saint Tropez y lo perdimos. Al ver la propiedad fue muy obvio que podíamos romper con todos los esquemas. Entras al hotel y te transportas a esa época.
En Tulum con la gente de Productora, traemos un concepto muy de vanguardia. No son palapitas, son cubos de concreto, cuidando mucho el medio ambiente. Los búngalos no tienen luz ni aire acondicionado: tu lujo está en las sábanas, en el espacio, en el mobiliario. El proyecto se llama Parador México para que camino de las ruinas, puedas detenerte y tomar algo, un espacio muy público para los que visitan la zona, pero que pasando esta parte pública ya encuentres la intimidad del hotel.
[T] ¿Cómo manejan la relación entre el contexto local (vía el restaurante y el bar) y el espectro internacional (con el hotel)? ¿Qué tanto piensan al abordar el proyecto en el restaurante y bar como detonador principal, o más bien se trata de un hotel que sabe vivir de su círculo más próximo, del barrio, de la ciudad en la que se encuentra?
[CC] Siempre el concepto es hotel. Nosotros hacemos hoteles. Tuvimos suerte que desde el primero la parte de alimentos y bebidas funcionó muy bien, el público local se hizo parte del concepto, pero en realidad no era así la intención original.
Después sí hemos tratado de diseñar que funcione en este sentido, pues por eso somos conocidos. El Distrito Capital, que fue el último que abrimos, funciona así. Hay mucha gente que ni sabe que es un hotel, porque está muy separado: el hotel está en los pisos 24-28, y el restaurante bar está en la base. Creo que en México generamos esta escuela, porque veo que cada vez hay más gente haciendo este tipo de proyectos, donde no nada más quieren hacer un hotel, sino venderle al público local formar parte de esta experiencia. A nosotros nos ha funcionado muy bien y esperamos que le funcione a los que vengan detrás, pues es algo que a escala mundial funciona; no es que nosotros hayamos inventado el hilo negro. Simplemente vimos afuera lo que funciona y lo adaptamos a nuestra idiosincrasia, siempre con el reto de ser innovadores, y por eso justamente nos estamos yendo a Nueva York, porque hay gente que ve en nuestro grupo esa propuesta y ese valor.
[T] Ahora que incursionan en el extranjero, en un mercado tan complicado como Nueva York, ¿cuál es su aproximación: un proyecto mexicano en un contexto internacional o un proyecto internacional independientemente del origen del grupo?
[CC] Estamos haciendo un proyecto en Chelsea, parte del recién inaugurado Highline. Tomamos cosas por las que somos muy conocidos. Tenemos una alberca en la terraza, toda una energía en el último piso, algo que la gente ya espera recibir de nosotros.
[T] ¿Por qué trabajar otra vez con Enrique Norten, casi diez años después del Habita?
[CC] Porque él ya estaba ahí. A Nueva York sólo puedes llegar con una gran experiencia detrás, nadie va a creer en ti si no vienes consolidado. Tienes que llegar con la experiencia y saber leer el barrio, tenemos que entender la energía local y saber trabajar con ella. Por otro lado, también queremos que la gente que nos ha seguido en México sepa que al llegar a nuestro hotel en Nueva York los vamos a integrar a la ciudad inmediatamente, vas a poder conectarte con la ciudad.
[T] ¿Por qué siendo su primer proyecto fuera de México deciden elevar tanto las apuestas y entrar en un contexto tan complejo como Nueva York?
[CC] Más bien nos escogen a nosotros. Nuestro primer proyecto era en Austin, Texas. Un poco como reconquista mexicana: creíamos que la movida natural era Texas, pero no queríamos ni Houston, ni Dallas, ni San Antonio, pues era demasiado evidente. Vimos que había la posibilidad de ir a una ciudad casi como de California pero en Texas, muy juvenil, muy inteligente, muy cerca de la tecnología pero también ligada al medio ambiente. Decidimos que en Austin sí podíamos hacer una diferencia y no asumir el riesgo de una gran ciudad, entrar a una ciudad media, aprender de Estados Unidos y ver cómo funciona y de ahí crecer al resto del país. Juntamos inversionistas para el proyecto y en ese momento llegaron dos proyectos de Nueva York, y de esos uno de ellos estamos ya por abrirlo. Sigue el de Austin, lo estamos desarrollando con Lake Flato Architects en la parte Este de la ciudad, en una zona hispana muy interesante dentro de una ciudad tan anglosajona.
[T] ¿Siempre integran a un arquitecto con un interiorista?
[CC] Los buenos arquitectos entienden muy poco de esta parte de confort que en la hotelería es muy importante, esta parte muy humana, cómoda. Son muy estéticos, quieren que luzca un espacio. Los diseñadores le dan esta proximidad.
[T] ¿En el Habita sólo trabajaron con TEN?
[CC] Si, pero Bernardo Gómez Pimienta es un artista. Yo le dije: “no quiero ni comprar los ganchos de los baños, quiero que me diseñes todo”. En ese entonces éramos muy concientes del presupuesto, entonces la arquitectura se metió al mobiliario, pero por ejemplo la terraza era un asoleadero, percibido así por Enrique Norten; pero al entrar nosotros, dijimos: “necesitamos madera, necesitamos chimenea, mobiliario” y eso a los arquitectos les costaba mucho trabajo.
[T] ¿En el proyecto de Nueva York (donde vuelven a trabajar con TEN) ya incluyen a un interiorista en el equipo?
[CC] Sí. La propuesta (arquitectónica) de Enrique Norten es muy sencilla, pero muy original, extremadamente vanguardista. Para los interiores buscamos a un parisino, Arnaud Montigny, que entendió muy bien a Enrique, esa arquitectura minimalista. El hotel está en un entorno industrial, entonces había que meter esta parte de roughness al hotel.
[T] ¿En alguno de sus proyectos estan trabajando de manera directa con la comunidad y su entorno?
[CC] El siguiente proyecto a inaugurar después de Boca Chica será en el Valle de Guadalupe, un proyecto de viñedos, se llama Encuentro Guadalupe… Encuentro Guadalupe es un viñedo entre las piedras, pero en lugar de nosotros tener una marca de vino, vas a poder tener tu propia marca, vamos a tener una escuela de vino.
[T] ¿Similar al proyecto de Hugo D’Acosta?
[CC] Aquí vamos a tener los vinos de todos, un chef de Tijuana de gran nivel, y podrás probar lo que todo el valle produce, y dentro de la escuela puedes hacer tu propio vino hasta con tu propia etiqueta. Entonces tienes viñedos, gastronomía, la escuela, tipo lo de Hugo, y en la parte alta tiene 60 lotes residenciales.
Es una arquitectura muy fuerte, pero muy respetuosa; llegan bloques de concreto en grúa y se fijan a los cimientos, que es lo único que se interviene en el entorno. Es poner el ejemplo para llevar el Valle de Guadalupe en buenos términos y que no termine siendo un espacio víctima de su propio éxito, como pasó con Playa del Carmen o Acapulco.
[T] Pensando en este proyecto y las diferentes categorías que engloba, ¿están interesados en comenzar a trabajar también la parte inmobiliaria de la mano del hotel, como muchos hoteleros han hecho ya desde hace tiempo?
[CC] No; en el caso del Valle de Guadalupe funciona porque está muy bien integrado. Son tres niveles. El primero con el restaurante y la escuela, con un centro de espectáculos para traer proyectos culturales de primer nivel al Valle, hacernos promotores de estos espectáculos para ampliar lo que pasa con la vendimia, más allá de dos semanas al año. El hotel está en el segundo plano, con la alberca y el spa, y en el tercer nivel está la parte residencial. Nos pareció que valía la pena como lo plantearon ellos. Pero en general no nos gusta, más bien queremos alejarnos de ello. Es una fórmula que ya no funciona. Quizá funcionaba hasta antes de la crisis.
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