De junio a septiembre de este año se ha estado realizando el proyecto de intervenciones artisticas en la ciudad de México llamado Residual. Este proyecto busca abordar el problema de la basura a partir de ocho intervenciones realizadas por artistas que viven y trabajan en México y Alemania bajo la curaduría de Gonzalo Ortega y Paulina Cornejo. En esta ocasión nos sentamos con Raúl Cárdenas de Torolab, uno de los invitados a participar en el proyecto, para platicar de su propuesta llamada Instituto de la Basura, que nace con esta exposición pero cuyas miras están mucho más lejos.

GUILLERMO RUIZ DE TERESA_ ¿Qué es el instituto de la basura?
RAÚL CÁRDENAS_ Es un instrumento para poder desarrollar proyectos relativos al material residual, los desechos y la basura en cinco áreas, desde diseño hasta medicina, de ciencias como la edafología y la ingeniería hasta el urbanismo, pasando por políticas y economía ambiental. Es una herramienta para agentes de cambio dentro de esos rubros en primera instancia, que funcione para detonar sus propios proyectos.
Por otro lado, también es un recurso de información para personas que estén haciendo proyectos en estos temas, desde curaduría de arte hasta tesis de ingeniería sobre temas de la basura… el chiste es que poco a poco se vaya generando un acervo de información importante que sirva para desarrollar proyectos.
Por último, el instituto es una organización internacional cuya sede estaría en México y se realizarían embajadas en sitios donde exista algo importante que decir sobre este tema, para así potenciar proyectos, generar diálogos, archivos.
GR_ Un proyecto que en sí mismo muestra una gran diversidad y flexibilidad se enmarca bajo el nombre de “Instituto” ¿Qué atribuciones le otorga al proyecto el nombrarlo de esta manera? ¿Retoma ciertos mecanismos de estas estructuras, responde a qué, o a qué se debe?
RC_ Tiene que ver con las personas que participan. En su mayoría forman parte de institutos, ya sea académicos o científicos. Buscábamos generar este “lugar” donde tuvieran el peso adecuado las conversaciones que en él sucedieran. Lograr la credibilidad necesaria entre los mismos actores, este acuerdo de que estamos trabajando por algo real, que no es un proyecto artístico o cultural que no va más allá del tiempo de exposición. Queremos llegar a un lugar en común con los participantes; es un buen inicio para lograr que se concreten los proyectos.
GR_ ¿Cómo ves al instituto dentro de la serie de proyectos que Torolab ha realizando?
RC_ Buscamos involucrar a las personas indicadas para que cada proyecto se lleve a cabo.(…) Este proyecto cuenta con muchas de las herramientas aprendidas a partir de otros proyectos de Torolab cuyos tiempos de desarrollo han dificultado su proceso. Por eso aquí se trata más bien de aprender de todas las experiencias de los involucrados. Ya es un proyecto real y ya está en camino de que no nada más se cree el instituto, sino se creen las embajadas. Ya hay institutos con los que nos estamos asociando para que no se convierta en un proyecto sólo de Torolab. Torolab es un proyecto de colectividad, de compartir, de hacer sinergias, y el lograr las sinergias institucionales es algo que no habíamos logrado anteriormente y es muy importante. Por otro lado, conversaciones con personas como Paulina Cornejo y Gonzalo Ortega (curadores de Residual) han sido muy enriquecedoras, constructivas, y muy dinámicas.
GR_ Algo que resulta muy interesante es cómo a partir de un ejercicio artístico, pero entendiendo el museo como institución universitaria, generas la propuesta del Instituto, entendiendo su especificidad y llevando mucho más allá los recursos que ofrece un museo con estas características. ¿Cómo ves tu trabajo dentro de las estructuras tradicionales del mundo del arte y cómo buscas generar esos puentes hacia otras esferas que te permitan llevar más lejos un proyecto como éste, que generen un impacto a más largo plazo?
RC_ Hay una parte fundamental del desarrollo de los trabajos de arte contemporáneo que tiene que ver no sólo con lo que vas creando. Es muy raro estar en un lugar donde se hable de arte contemporáneo, se practique, y la gente en general tenga acceso y el gusto de consumir estas prácticas. Hay ciertas características de donde uno vive que fijan nuevas condicionantes que a su vez se relacionan con sus propios procesos de trabajo y muchas veces no se les da el lugar debido. Muchas veces existe la exigencia desde un contexto humano, social, pero las instituciones no le dan respuesta. Eso mismo va creando espacios de transición, espacios de trabajo nuevos, dinámicos, que están en ciertas coyunturas, en ciertas extrañas brechas, entonces se van creando territorios muy abiertos de trabajo. Las artes, que históricamente no tiene restricciones y cuyas fronteras son más bien lugares para empezar cosas nuevas, no para terminar, se vuelven la plataforma perfecta para empezar a experimentar dentro de estos terrenos.
_Cristina Cortinas en conversación con Raúl Cárdenas en el Instituto de la Basura._
GR_ ¿En qué sentido crees que un proyecto como el Instituto puede operar de manera autónoma, o siempre es un proyecto que parte de Torolab y funciona dentro de Torolab?
RC_ El proyecto va adquiriendo autonomía conforme se va desarrollando. Va generando cambios y relaciones en proyectos específicos, por ejemplo una bacteria que come polímero; va teniendo un desarrollo natural hacia esos lugares. Es un sistema que va adquiriendo vida propia y se va a ir dando conforme las necesidades del propio proyecto lo vayan marcando, rebasando por mucho las fronteras del museo y la institución universitaria.
Eso va ligado a los sistemas que siempre va creando Torolab, en este caso tiene la capacidad de convertirse en una institución independiente de lo que sea; en primera instancia el chiste es que sea parte de la UNAM, y de varias zonas, desde estéticas hasta diseño, pero lo más seguro es que quede dentro de un espectro científico-académico.
GR_ Si el proyecto crece, se relaciona con una nueva población, se transforma, ¿en qué momento deja de ser un proyecto de Torolab?
RC_ No deja de ser proyecto de Torolab; el hecho de que viaje a diferentes ámbitos no le quita el momento de gestación, de cómo las cosas comienzan y cómo vas vislumbrando que las cosas pueden ser. Que llegue a lugares insospechados y rompa brechas, y salte del ámbito artístico, y salte a un aspecto más de dinámicas científicas creo que es la parte que hace al proyecto mucho más interesante.
(…)La manera como yo empiezo a estudiar la forma en que hice mi carrera, desde la prepa hasta las universidades, nunca te vas imaginando cómo va cambiando la plataforma sobre la que trabajas. Hay algo a lo cual se le está dando respuesta. Hay ligas naturales, casi orgánicas, entre una cosa y otra, no tiene sentido distinguir fronteras. Las formas de trabajar dan pauta para que así se den las cosas, porque el entorno mismo así lo está pidiendo. Tiene su propia lógica, pero también una poética; tiene una poética, pero también una expresión. Responde a cuestiones de un entorno, de reconocimiento, de diagnóstico, y luego de sistemas. En Torolab partes de un territorio en que los límites no están determinados. Va más allá que cuestiones específicas, como una temporalidad en una exposición.
La dificultad es que estos proyectos tomen su propio camino. Para que Torolab no tenga que volcarse dentro del proyecto.
Tienen su forma natural de desenvolverse, y sí, hay muchísimas sorpresas, y hay respuestas, y las respuestas generan dinámicas superemocionantes, pero siempre tiene un sentido y una lógica: entendimiento del lugar donde estamos y cómo te relacionas con él.
GR_ ¿Cuáles son los siguientes pasos para el Instituto?
RC_ Ahora estamos estableciendo el instituto (el tiempo de exposición es para eso, para que pase del proyecto artístico a lo científico-académico).
Ahora toca hacer estos mismos procesos a través de las embajadas. La primera será en San Francisco, en el Exploratorium, el primer museo interactivo del mundo, comenzado por Oppenheimer después del proyecto Manhattan, donde a través de museografía interactiva se da acceso público a proyectos científicos. Ahora se mudan a un espacio en San Francisco 40% más grande y quieren que Torolab desarrolle un par de proyectos con ellos, como la sede de la Embajada de la Basura. Es importante San Francisco porque sus condiciones en torno a material residual, desechos sólidos, basura y en general en cuestiones de políticas ambientales tienen un desarrollo muy importante. Ahí queremos empezar a desarrollar otro diálogo y proyectos que tengan respuesta a los diálogos que comenzamos en México. El Instituto de la Basura no deja de ser una institución internacional. No es el Instituto Nacional de la Basura. Ésta sería la primera de varias embajadas. Estamos preparando otras en Europa, en Sudamérica y en los Estados Unidos.
Estamos ahora lanzando un blog, es importante que quien quiera acercarse y participar pueda hacerlo.
Raúl cárdenas. Fundador de Torolab.




